jueves, 6 de mayo de 2010

¿Importa lo que otros piensan?

...nuestro propósito en la vida es que Cristo sea "magnificado... en mi cuerpo, o por vida o por muerte" (Filipenses 1.20). En otras palabras, con Pablo, sí nos preocupa -de veras nos preocupa- lo que otros piensan de Cristo. Y nuestra vida debe mostrar su verdad y belleza. Así que debemos preoucuparnos de lo que que los demás piensan de nosotros como representantes de Cristo. El amor lo demanda.

Pero no debemos preocuparnos mucho de lo que otros piensan de nosotros por nosotros mismos. Nuestro interés es a fin de cuentas la reputación de Cristo, no la nuestra. El acento cae no sobre nuestra valía o excelencia o virtud o poder o sabiduría. Cae sobre si Cristo es enaltecido por la forma que la gente piensa de nosotros. ¿Adquiere Cristo una buena reputación por la forma como vivimos? ¿Se muestra la excelencia de Cristo en nuestras vidas? Eso debe importarnos, no si nosotros somos objeto de alabanza.

Sí, queremos que la gente nos mire con aprobación cuando mostramos que Jesús es infinitamente valioso para nosotros. Pero no osamos hacer de la opinión de otros la medida de nuestra fidelidad.


John Piper
Extracto del libro "La vida es como una neblina"

 

 

jueves, 25 de febrero de 2010

La oración

Tarea Primordial De Los Ministros

El hecho de que las epístolas del Nuevo Testamento den fe de tantas oraciones, nos llama la atención sobre un aspecto importante de la tarea ministerial. El predicador no ha terminado con sus obligaciones cuando deja el púlpito, ya que es preciso que riegue la semilla que ha sembrado. Por el bien de los predicadores jóvenes, permítaseme extenderme un poco sobre este asunto. Ya hemos visto que los apóstoles se dedicaron “de lleno a la oración y al ministerio de la palabra” (Hch. 6:4) dejando un ejemplo excelente para todos aquellos que les siguen en esta sagrada vocación. No sólo hay que poner atención al orden de prioridades que establecen los apóstoles, sino que hay que obedecerlo y practicarlo. No importa con cuánto cuidado y laboriosidad preparemos nuestros sermones, estos llegarán a los oyentes sin la unción del Espíritu si no han nacido de un alma que se ha ocupado delante de Dios. A menos que el sermón sea el producto de intensa oración no esperemos que despierte el espíritu de oración en aquellos que lo escuchan. Como ya se ha señalado, Pablo entretejía oraciones entre las instrucciones que escribía en sus cartas. Es nuestro privilegio y nuestro deber retirarnos a un lugar apartado después de dejar el púlpito, para rogar a Dios que escriba su palabra sobre el corazón de quienes nos escucharon, para evitar que el enemigo arrebate la semilla y para bendecir nuestro esfuerzo de tal manera, que esas palabras lleven fruto para su eterna alabanza.

Lutero solía decir: “Hay tres cosas que hacen eficaz a un predicador: súplicas, meditación y tribulación.” No sé cómo explicó esto el gran reformador, pero supongo que quería decir algo así: que la oración es necesaria para situar al predicador dentro del marco adecuado, para manejar las cosas divinas y para investirlo de poder divino; que la meditación en la palabra es esencial para suplirle material para su mensaje, y que se requiere de la tribulación como contrapeso de su nave, porque el ministro del evangelio necesita pruebas que lo mantengan humilde, así como el apóstol Pablo recibió un aguijón en la carne para evitar que se exaltara indebidamente por la abundancia de revelaciones que le eran concedidas. La oración es el medio señalado para recibir comunicaciones que edifiquen e instruyan al pueblo. Debemos dedicar mucho tiempo a estar con Dios, antes de poder salir y hablar en su nombre. Epafras, uno de los pastores de Colosas, había salido de casa para visitar a Pablo. Al concluir su epístola a los Colosenses, Pablo informa a los destinatarios que Epafras intercedía por ellos fielmente: “Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones. para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros. . .” (Col. 4:12.13a. RV60). ¿Sería posible recomendarlo a usted ante su congregación en esos términos?

Una Tarea Universal Entre Los Creyentes

Pero no se piense que el énfasis que las epístolas hacen indica que la oración es una tarea exclusiva de los predicadores. Lejos de ser así, las epístolas van dirigidas a creyentes en general, quienes necesitan practicar todo lo que estas cartas contienen. Los cristianos deben orar mucho, no solamente por ellos mismos sino por todos sus hermanos y hermanas en Cristo. Debemos orar deliberadamente de acuerdo con estos modelos apostólicos, y pedir las bendiciones particulares que allí se especifican. Hace mucho tiempo que soy un convencido de que no hay manera mejor ‑ ni más práctica, ni más valiosa, ni más eficaz ‑ de expresar nuestra solicitud y afecto por los santos, que presentarlos en oración delante de Dios, y llevarlos en los brazos de nuestra fe y de nuestro amor.

Al estudiar estas oraciones en las epístolas, y al considerarlas frase por frase aprenderemos con mayor claridad qué bendiciones debemos procurar para nosotros y para otros; sabremos cuáles son los dones y gracias espirituales por los que debemos ser muy solícitos. El hecho de que estas oraciones, inspiradas por el Espíritu Santo, hayan quedado registradas en el sagrado volumen, hace ver que los favores particulares que en ellas se piden son los que Dios nos ha permitido buscar y obtener de parte de él (Ro. 8:26,27; 1 Jn. 5:14,15).

A.W. Pink

 

 

miércoles, 10 de febrero de 2010

¿Si solo algunos son elegidos, para qué predicamos?

Charles Haddon Spurgeon (1834-1892)

Pastor del Tabernáculo Metropolitano Bautista, London, England


Algunas personas arrogantes y jactanciosas objetarán: “Usted dice que Dios ama a su pueblo y por lo tanto serán salvos; entonces ¿De qué sirve la predicación?” Cuando digo que Dios ama a una multitud que ningún hombre puede contar, como huestes incontables de la raza humana, usted me pregunta ¿De qué sirve la predicación?

¿De qué sirve predicar? Para sacar los diamantes del Señor fuera del estercolero; para sacar de las profundidades las perlas de Dios, como el buscador de perlas lo hace.

¿De qué sirve predicar? Para cortar el maíz bueno y recogerlo en el alfolí.

¿De qué sirve predicar? Para sacar a los elegidos de Dios de las ruinas de la caída, y ponerlos firmes sobre la roca que es Cristo Jesús.

He aquí ustedes que preguntan ¿De qué sirve predicar? Porque Dios ha ordenado a algunos a la salvación. Les preguntamos a ustedes si no sería algo muy necio decir, “Si habrá una cosecha entonces, ¿De qué sirve sembrar? Si habrá una cosecha, ¿De qué sirve cosechar?” La razón misma por la cual sembramos y cosechamos es debido a que nos sentimos seguros de que habrá una cosecha.

Y si efectivamente yo creyera que no existiera un número definido de personas que tienen que ser salvas, ya no podría volver a subir al púlpito. Si lograran convencerme una sola vez de que nadie está destinado a ser salvo, ya no tendría deseo de predicar. Pero ahora, yo sé que hay una multitud incontable que tiene que ser salva; estoy confiado de que Cristo “Verá linaje, vivirá por largos días” (Is 53:10) Yo sé que hay mucho para descorazonarme en el ministerio, y si veo muy pocos resultados; no obstante, Cristo guardará a todos aquellos que le fueron dados por el Padre, y esto es lo que me hace predicar.

Esta noche vengo a esta capilla con la seguridad de que Dios tiene algún hijo suyo en este lugar, que todavía no ha sido llamado. Me siento confiado de que Él llamará a alguien por medio del ministerio, entonces ¿Por qué no ha de usarme a mí? Sé que no son pocas las almas que Dios me ha dado por medio de la predicación, no solo cientos sino miles. He visto a cientos de aquellos que profesan haber sido llevados a Dios a través de mi predicación en Park Street, y en otros lugares. Con esta confianza tengo que ir adelante. Yo sé que Jesús ha de tener un “linaje” (Is 53:10). Su pueblo tiene que incrementarse y es el mismo propósito del ministerio buscarlos y traerlos al redil de Dios. Nuestro Salvador nos dice que el ministerio es para que “crean en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20) Ahora, ¿Cree en Cristo el pueblo de Dios por medio de las palabras del ministerio? (“Han de creer en mí por la palabra de ellos” Jn 17:20) Sabemos que nuestra fe no descansa en la palabra del hombre, sino en la Palabra de Dios. No descansamos en ningún hombre; sin embargo, es a través de “la palabra de ellos”; es decir, a través de la palabra de los apóstoles y a través de la palabra de cada ministro fiel.

 

 

jueves, 4 de febrero de 2010

Comentarios de B.H. Carroll sobre la predestinación y la elección

B.H. Carroll (1843-1914)

Fundador y primer presidente del Seminario Teológico Bautista del Suroeste. Autor del “comentario bíblico” publicado en español por la Casa Bautista de Publicaciones.

La última cláusula en el texto de Hechos 13:48, “… y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” necesita alguna explicación.

Cuando yo era joven y no había aceptado la doctrina de la predestinación quería que el texto dijera: “y cuantos creyeron fueron ordenados a la vida eterna”. Tal vez vosotros queráis interpretarlo así. El Dr. Broadus dijo: “Permítase que la Escritura signifique lo que quiere significar”, y dejad vosotros ese pasaje tal como está; es decir, que la ordenación precede a la vida eterna.

La ordenación a la vida eterna tuvo lugar en la eternidad. Pablo en Romanos 8 nos da el orden. Muchas personas hoy en día no lo creen así. Rara vez oímos que se predique algún sermón sobre ello. Una vez oí decir a un predicador reconocido, “no me es posible creerlo”. Romanos 8:29-30 dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo... Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó 

La justificación sucede al momento de creer. A menos que este pasaje diga que “y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”, haría pedazos la cadena de Pablo. Llegue a la conclusión en su propia mente de una vez que la salvación comienza con Dios no con el hombre.

Si se pone de otro modo: “y todos los que creyeron fueron ordenados para vida eterna”, entonces se pone primero al hombre. Después de todo, la cuestión es, ¿Es la salvación por gracia o por obras?

Sobre Efesios 1:3-14 en su comentario el Dr. Carroll dice lo siguiente:

Por más difícil que sea la tarea procuremos analizarlo particularmente la frase “El cual nos bendijo” que en el versículo 3 está en tiempo pasado. Queremos analizarlo como sigue: ¿El lugar donde nos bendijo? Nos bendijo en los lugares celestiales. ¿El tiempo cuando nos bendijo? En Cristo. No estuvimos ahí personalmente. ¿Con que nos bendijo? Con toda clase de bendiciones espirituales. ¿Cómo nos bendijo Cristo en el cielo antes de la fundación del mundo? Por la elección, la predestinación y la gracia. Así es como El nos bendijo antes de que existiésemos; lo hizo en el propósito de su elección, en su predestinación, y en su gracia. Notemos que con frecuencia menciona la predestinación y la elección, queremos saber lo que significan estas palabras.

Consideremos la primera que es la elección. ¿Qué es la elección? Abstractamente significa escogimiento. Concretamente, puede ser la elección de una nación como Israel para un propósito nacional o típico, pero esto no es lo que se está discutiendo aquí. Se está discutiendo la elección de individuos o personas. ¿Cuándo se efectuó esta elección? Antes de la fundación del mundo. Puesto que se verificó entonces, y puesto que no existíamos entonces, ¿en quien se verificó? Fuimos escogidos en Cristo. ¿Para que fin fuimos escogidos? Para que fuésemos santos e irreprensibles en amor. Esto es lo que dice el texto acerca de la elección.

El otro término que se usa es “predestinación”. En primer lugar ¿Qué es la predestinación? Es un decreto hecho de antemano. Ordenar es decretar; predestinación es un decreto hecho de antemano. ¿Quiénes fueron predestinados? Los individuos que fueron escogidos. ¿A qué fueron predestinados? A la adopción de hijos. ¿Por medio de quién fueron adoptados como hijos? Por medio de Cristo. ¿Según que cosa fue esta predestinación a la adopción de hijos por medio de Cristo? Según el beneplácito de su voluntad. No podía ser por nada en nosotros; sucedió antes de que tuviésemos ser. ¿Con qué fin fue la predestinación? Para alabanza de la gloria de su gracia.

Esto introduce otro término, “gracia”, en la cual fuimos benditos. ¿Qué es gracia? Favor no merecido. ¿Cómo es dado esto? Libre y gratuitamente. Una vez oí decir a un hombre: “libre, gratis, sin cobrar ni un centavo” Así es dado.