I. La primacía de la Biblia: "El Libro, y solo el Libro"
Él decía: "Una Biblia que se cae a pedazos, usualmente pertenece a alguien que no se cae a pedazos". Esta frase nos recuerda que el estudio diligente de la Palabra fortalece nuestra fe y nos mantiene firmes ante las pruebas de la vida.
II. La lectura como un diálogo con Dios y los grandes pensadores
Spurgeon no solo leía la Biblia, sino que la leía como si estuviera en la presencia de Dios. En un sermón, describió su lectura como un acto de reverencia, imaginando a Dios (Jesús) inclinándose sobre él y señalando las líneas del texto con su "mano traspasada".
Más allá de la Biblia, Spurgeon era un ferviente lector de los puritanos. Consideraba que sus obras eran un tesoro de verdad bíblica y sabiduría teológica. Al leer a autores como John Bunyan, cuya obra "El progreso del peregrino" leyó más de 100 veces, Spurgeon no solo absorbía sus ideas, sino que entablaba un diálogo con ellos, enriqueciendo su propia teología y predicación.
III. La defensa de la lectura en los ministros y creyentes
Spurgeon defendía la lectura vigorosamente, especialmente para los ministros. En un sermón sobre 2 Timoteo 4:13, donde Pablo pide que le traigan "los libros", Spurgeon reprendió a aquellos que pensaban que la lectura era una señal de un predicador perezoso. Afirmó: "Hasta un apóstol tiene que leer... El hombre que nunca lee no será leído jamás; el que nunca cita, jamás será citado. Aquel que no utiliza los pensamientos del cerebro de otros hombres, demuestra que no tiene un cerebro propio." Este consejo no se limitaba solo a los ministros, sino a todos los creyentes, alentándolos a estudiar obras teológicas y a cultivar una mente informada.
IV. La biblioteca de Spurgeon: Un legado vivo
La vasta colección de libros de Spurgeon no solo era una fuente de sus propios sermones, sino que también se convirtió en un legado. Después de su muerte, una gran parte de su biblioteca personal fue adquirida y hoy se conserva en el Spurgeon Library del Midwestern Baptist Theological Seminary, en Missouri, Estados Unidos. Esta biblioteca no solo alberga miles de sus libros, muchos de ellos con sus propias anotaciones, sino también artefactos personales como su púlpito y su escritorio. Este espacio se ha convertido en un centro de investigación para estudiosos de Spurgeon, permitiendo que sus hábitos de lectura sigan inspirando a nuevas generaciones de pastores y creyentes.
En conclusión, los hábitos de lectura de Spurgeon fueron la columna vertebral de su ministerio. Su compromiso con la Palabra de Dios, su mente disciplinada y su incesante búsqueda de conocimiento a través de los libros, le permitieron ser un predicador que no solo movía a las multitudes, sino que las guiaba a una fe sólida y arraigada en las verdades de las Escrituras.
Spurgeon no solo practicaba estos hábitos, sino que también los enseñaba a sus estudiantes en el Colegio de Pastores. Algunos de sus consejos incluían:
- Leer con un propósito: No se trata de leer por leer, sino de buscar el crecimiento espiritual e intelectual.
- Leer lo mejor: Elegir libros de calidad que hayan resistido el paso del tiempo.
- Leer con un lápiz en la mano: Subrayar, tomar notas y escribir comentarios en los márgenes para interactuar activamente con el texto.
- Leer de forma variada: No limitarse a un solo género, sino explorar diferentes temas para ampliar la perspectiva.